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A los 12 años, el sueño más grande de Rodrigo de Orduña era tener un Mustang; ir con un bólido metálico último modelo, como esos que veía en las películas, por las calles de la Ciudad de México. Pero debido al excesivo costo de este deseo y, sobre todo, a la incapacidad legal que se tiene a esa edad para tomar un volante, se tuvo que conformar con carritos a escala de la marca Hot Wheels.

Con estos juguetes de 4 ruedas fue como comenzó el gusto del ahora conocido como “Madhunter” por el coleccionismo. Aunque también reconoce que de su abuelo le viene el gen de atesorar cosas: “Recuerdo mucho que compartí colecciones con mi abuelo, no tanto de ‘quiero coleccionar’, sino que me acercaba a él y me enseñaba su colección de monedas, también coleccionaba cintas de los puros”.

Incluso uno de los tesoros más preciados de Rodrigo —que de tesoros no tiene pocos— es una moneda que su antecesor le obsequió el día de su boda con Verenice, su cómplice más importante al cazar cachivaches: “Nos regaló una moneda antiquísima, del año 1500, que fue acuñada en San Luis Potosí”.

Rodrigo de Orduña 'Madhunter', youtuber y uno de los coleccionistas de juguetes más populares de Latinoamérica.
Rodrigo de Orduña ‘Madhunter’, youtuber y uno de los coleccionistas de juguetes más populares de Latinoamérica.

“Son muchas historias a través de un objeto que le dan ese valor sentimental; a fin de cuentas son sólo metales y plásticos, pero atrás hay una historia cultural o sentimental. Eso me atrapó y por eso me dedico a esto”, revela el youtuber que comparte su gusto por este tipo de arqueología moderna con más de 950 mil suscriptores. Su canal de YouTube lo puedes ver aquí.

Ser coleccionista

Para “Madhunter” uno se vuelve coleccionista el día que se dispone a invertir dinero, tiempo y espacio en un artículo; él recuerda a detalle el día que se asumió formalmente como un cazador de juguetes:

“En un mercado me conocían porque coleccionaba carritos. Un día llega un chavo y me ofrece unos (carros) que en mi vida los había visto, y se los compro. En ese entonces lo único que había era un foro, no existía ni siquiera Facebook, donde comparto ‘hoy me encontré estas piezas’, y un americano me dice ‘te ofrezco 6 mil dólares por una de ellas’. Más que emocionarme por la lana, me emocioné por el tesoro que había encontrado”.

Rodrigo decidió quedarse con los carros para saber más sobre ellos; a través del foro se comunicó con varios coleccionistas extranjeros, quienes le contaron que en los años 70 la empresa mexicana Cipsa tuvo varias licencias de marcas importantes e hizo unas “creaciones loquísimas” que ahora son reliquias. Entonces, saber que en México podía ir a un tianguis y encontrar un carrito de 200 pesos que pudiera valer 6 mil dólares, le abrió “un mundo”.

“México es un país donde vas a un mercado o abres el closet del abuelo y te ganas la lotería”, afirma.

El youtuber también piensa que este es el mejor momento para ser coleccionista: “Hay tantas formas de hacerlo: con agarrar un celular puedes investigar sobre un robot o comprar un He-Man en Estados Unidos. Cuando empecé todo era mucho más caro porque la única manera de informarte era por catálogos de subastas o libros”.

Aunque cuando alguien busca sus consejos para volverse un buen cazador, siempre cuenta lo que vivió con un vendedor al que le pidió lo mismo: tips para identificar piezas que valieran la pena. “Muy serio se volteó y me dijo: ‘No te puedo pasar ningún aprendizaje, lo vas a aprender gastando’. Algo muy duro, pero es un consejo real; el porcentaje más cañón de lo que he aprendido es gracias a lo que he comprado y a punta de golpes. A veces compras algo que resulta que no es original o que vale 20 veces más. Lo que te forja es la experiencia”, asegura.

Tianguis, el oasis de los coleccionistas

Además de ser los oasis donde se hidrata con joyas antiguas, los tianguis tienen un valor sentimental y familiar de gran peso para Rodrigo: “De niño trabajaba en uno, el Escuadrón 201 ahí en Churubusco (al sur de la Ciudad de México). Hace poco fui, lo grabé y expliqué esta historia: Mi familia tenía una situación económica bastante buena, pero algo pasa y nos empieza a ir terrible, onda de que mi mamá casi no tenía para comer. Entonces una amiga de ella le dice ‘tus cosas que no uses ven a venderlas a las chácharas’. Fuimos y ese primer día mi mamá vendió como 6 mil pesos, no lo podía creer”.

“Por eso para mí los tianguis tienen algo muy especial, me ayudaron a salir adelante con mi madre; con esa constancia de ir a vender mi mamá se levantó y gracias a Dios nos volvió a ir bien”, agrega.

Sobre el regateo, esa dinámica en la que el comprador busca rebajar el precio de un bien o servicio del vendedor, el coleccionista asegura que es un arte: “Hay que traerlo en la sangre, es una batalla entre dos poderes: el vendedor y el comprador. Tienes que tirar tus mejores armas y jugar con ese poker face de ‘me interesa, pero no al punto de que me vas a ganar’. Y el vendedor tiene que decir ‘quiero obtener lo que más pueda, pero que no se me vaya el cliente’. Mucha gente dice que es feo regatear, pero siento que es una tradición, los vendedores del tianguis a veces lo esperan”.

Además, con su trabajo cazando y compartiendo artículos antiguos, el también chef busca eliminar los prejuicios de inseguridad que rodean a estos mercados de pulgas: “La gente del tianguis es súper trabajadora. Sí hay que cuidarse, no te vas a ir con aretes de oro, hay que irse sencillo, y también, cuando compras, tener precaución, pero no es por la gente que vende; si hay algún ratero que va a estar por ahí esperando, eso pasa en todas partes. Pero hay que ir y conocer estos pequeños oasis de la arqueología moderna”.

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad

¿Qué superpoder te gustaría tener?

“Me gustaría ser como un Indiana Jones, pero con un superpoder: Que al tocar las cosas pudiera ver la historia que han pasado, de dónde vienen, ver ese árbol genealógico. Hay un dicho que dice ‘si las paredes hablaran’, entonces poder escuchar a las antigüedades hablar”.

¿Cuál es la mayor recompensa de un coleccionista?

“Mi mamá tenía una Familia Telerín de los años 70 hecha por la marca Rayito de Sol; muñecos de 25 centímetros muy raros… como de ropa que se quita y pone, con cabello real. Entonces, cuando mi madre me cuenta que esa Familia Telerín fue de los momentos más felices que tuvo, me di a la tarea de buscarla. Le encontré una, se la regalé y al ver su cara… te vuelve loco. Esa es la mejor recompensa de un coleccionista”.

¿Y la mayor responsabilidad?

“Compartir con las demás personas, que esto viva a través de los años y más ahora que todos los niños se van hacia la tecnología; es tristísimo pensar que un día los niños van a pensar ‘¿eso cómo se juega?’. Todos los que nacimos atrás de los 90 tenemos la misión de decir ‘voy a plasmar esa onda de jugar con la imaginación'”.

Yair Hernández es periodista de la Ciudad de México. Fue fundador del colectivo musical Aquí No Hubo Escena y codirigió el corto documental ‘Under>Ground’ sobre el panorama musical subterráneo en la capital mexicana.